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viernes, 14 de octubre de 2016

ODIO

Ahora que todos somos poetas. Ahora que todos nos sabemos políticos, economistas, jueces, críticos, fotógrafos, cocineros, aventureros, solidarios y nada. Ahora que ya, por fin, poseemos el saber universal, ¿qué misterio hay?, ¿qué utilidad?, ¿qué necesidad de seguir escribiendo, si ya todo está dicho?

El odio gobierna nuestros sentidos de la manera más estricta. Nunca antes vi al odio más crecido. Ahora, que no hay sombras, que no hay dudas, que se borraron los grises y todo es paz o guerra. Ahora que somos lo que queríamos ser, que lo hemos conseguido, que nos vemos en la cima de todas la virtudes universales posibles, ahora que nos volvimos crueles, depredadores con nosotros mismos, sin ley ni orden, hambrientos de palabras sin sentido. Y cogemos el micro a cada segundo para informar de aquello que nadie quiere saber, porque debemos informa a cada segundo. Y la información se hace tan inútil e innecesaria que seguimos leyendo atónitos, con los ojos encharcados de sangre, cada una de las informaciones inútiles que damos y recibimos cada segundo con cada uno de sus estúpidos comentarios. Pero debemos hacerlo, estamos obligados, el mundo entero tiene que saber, debo informar y leer y volver a informar y opinar sobre una información de otro sabio opinador. Y el odio se va alimentando y va creciendo fuerte como un niño en tiempos de bonanza. Y así los hombre nos vamos haciendo más tontos, ignorantes, frágiles e infelices mientras el odio nos devora el alma.

jueves, 16 de abril de 2015

Negro

No he podido dejar de pensar en negro. El negro era sin duda mi color. Negro, necrosado tenía el corazón. Por eso, tras el dolor, el vacío, el desamparo, tocaba abrir las ventanas y airear la casa. Hacer limpieza. Empecé a tirar cosas. Todo lo mío. Mi pasado. Pertenencias que no tenían valor alguno, más que el peso de los años que habían permanecido guardadas. Y ropa. Mucha ropa. Quizás este sea un dato normal para cualquier individuo, pero yo, no sé por qué extraña circunstancia, estaba guardando ropa desde hacía más de quince años. Este vestido de la boda de fulanita, esta blusa porque la llevé el día de mi graduación, la camiseta de aquel concierto, el pañuelo de aquella noche tan extraña en que nos besamos, los vaqueros que me compré pequeños y que, en un acto puramente iluso, no descambié porque pensé que un día llegaría a ponérmelos. Y pasan los meses y pasan los años, y cada vez que ves los vaqueros te ríes por lo tontas que fuiste, ¿cuándo pensabas entrar tú ahí dentro?, y vuelves a doblarlos y ponerlos en el ropero, por si un día llego a ponérmelos.  El vestido largo negro por si un día voy a una cena elegante. En 36 años que tengo, todavía nunca he ido a una cena elegante. Y el abrigo este por si voy al campo, como aquella que está en el campo fin de semana sí, fin de semana también. Y esto tan mono por si alguna vez tengo una hija. Si alguna vez tengo una hija espero que nunca se ponga las mierdas que vestía su madre… y en fin, todos los “porsi” inimaginables habidos y por haber en una cabeza hueca.

 He sacado el negro del ropero y voy a llenarlo de color. Creo que es una buena manera de empezar a cambiar el tono de lo que todavía viste de negro.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Una vez tuve un sueño

Una vez tuve un sueño…

Soñé que vivía en un mundo justo. Que todos teníamos una oportunidad en la vida. Que se valoraba el esfuerzo, el sacrificio, la voluntad. Que todos y cada uno de nosotros podría desempeñar un trabajo acorde con sus capacidades y que sería remunerado por ello. Soñé con una vida sencilla, sin mentiras y recelos, sin trampas ni cartón. Soñé que soñaba despierto con todo aquello que un día nos fue arrebatado silenciosamente. Con el ruido y el ajetreo del día a día. Con las prisas y deseos mundanos. Con crecer y morir y morir y crecer en todo momento. Soñé con unos labios que no existen, con las nubes que nos pintaron, con la música que no se ha hecho, con las palabras del pasado. Soñé que soñaría con un futuro grato, con una guitarra, con unas vigas, con un techo mal amueblado.  Con un camino, con un paraguas, con un perro abandonado, con el frío, con la playa, con un niño de mi mano. Madrugones, café solo, prisas y desparpajo. Soñé la libertad y disfruté tanto soñando que no he vuelto a soñar, por si despierto ayunando.

jueves, 31 de julio de 2014

Dirección General de Tráfico

Hoy he escuchado una noticia curiosa: las infracciones en carretera, tales como aumento de la velocidad permitida y otras acciones censurables, han aumentado de una forma espectacular este año. Y yo me pregunto ¿a qué puede ser debido?, ¿Qué motivo externo puedo alterar de una forma tan violenta nuestra conducta al volante? Yo tengo la respuesta: la radio. Uno coge el coche, cansado del trajín de la semana, con ganas de llegar al pueblo para descansar el ruido, de las prisas, de las sirenas de policía, de los empujones en el metro, de la comida basura… sin pensar en si vas a llegar a fin de mes, ni en cuánto tiempo durará tu trabajo, ni en esas sandalias tan chulas que no te compraste, porque no quieres que ningún pensamiento negativo te joda el apacible fin de semana. Ni siquiera las retenciones a la salida de Madrid (retenciones de entre una y dos horas, dependiendo del horario que elijas para salir) en esta época estival van a poder minar tu optimismo. Tranquilo enciendes un cigarrillo, bajas la ventanilla del coche, y pones la radio buscando esa emisora de música tranquila, relajada a la par que festiva, que te empieza a abrir las puertas hacia un finde de ensueño. Pero de repente: son las cinco, las cuatro en Canarias, informativos. La has cagado, la has cagado por completo sin saberlo, porque tú, ignorante de la vida, en ese momento piensas: “las noticias, qué bien! A ver qué ha pasado en el mundo, que con tanto curro no he tenido tiempo ni de ver, oír o leer lo que pasa en mi querido país” Y aquí empieza una narración continuada de acontecimientos que suele durar entre cinco y diez minutos y ofrece, así de golpe y porrazo una serie de atropellos, fraudes, mentiras, tomaduras de pelo, más fraude, recortes y medidas para sopesar los fraudes, injusticias, encubrimientos, miles de millones de euros que no nos caben en la cabezota, tapaderas, robos, mafias públicas, cortes de manga y un sinfín de atropellos legales que le ponen a uno la sangre negra, y es entonces cuando el veneno te va subiendo a la cabeza y el nivel de estrés es tal que ya no sabes ni lo que dices ni lo que piensas, sólo se te ocurren una serie de atrocidades que, como si fuera un sueño del que no te quieres despertar, te gustaría cometer, y la sonrisa malévola asoma a la comisura de tus labios, mientras tu mujer, en el asiento de al lado te pregunta, mientras hace cuentas mentales: en qué piensas, cariño?? Y tú le contestas: nada, amor, que te quiero mucho!! Pero la idea sigue ahí, dando vueltas, como una fantasía, y miras al conductor del coche de al lado y él te devuelve esa mirada asesina (él también va escuchando las noticias), y se te cuela un coche en  la incorporación y te cagas en su puñetera madre y cuando por fin sales del atasco, con un montón de pensamientos asesinos en la cabeza, pisas sin querer y de la misma rabia que llevas dentro, el acelerador un poco más de la cuenta, y te pasas la salida y haces una pirula por que el mundo está loco y ya no te importa nadaaaaaaaaaa…
Y la cosa es así.
NO PODEMOS CONDUCIR POR TI,
PERO PODEMOS PONERTE LA LECHE NEGRA

MINISTERIO DE ESPAÑA 

viernes, 6 de junio de 2014

El Renacimiento español

He vuelto a escribir porque he vuelto a creer. He salido del pozo de la inmundicia, de la suciedad, la mentira, la crueldad, la injusticia, la nada… para darme cuenta de que un mundo diferente es posible, que no estaba todo escrito, que estamos asistiendo al nacimiento de la nueva era, y nacer siempre es bonito, aun a sabiendas de que quizás la vida no sea como nosotros deseamos, ni siquiera como esperamos, ni menos aún como debería ser… pero estamos naciendo, no saliendo, sino naciendo, pues el mundo que se presenta a nuestros ojos hoy se antoja diferente para poder ser posible, porque si no es diferente no tiene razón de ser.

Disculpa a todo aquel que se mostró interesado en el blog creyendo que hablaría de arte o literatura.

 Hoy me llena de orgullo y satisfacción comprobar que toda la tinta corrida (en sentido románticamente figurado) no ha sido en vano. Hoy muchos escritores pueden estar orgullosos: Juan José Millás, Saramago, Pérez Reverte y tantos otros… No dejéis de leerlos, ellos han sentado las bases del cambio. Pero también Periodistas: Jordi Evolé, Ana Pastor, Antonio Garrido o, por supuesto, Iñaki Gavilondo. La derrota, para algunos de ellos, nunca fue un fracaso. Y quisiera mencionar otras voces anónimas (la mayoría de ellas) que se alzaron para denunciar ante oídos sordos todo un sistema bien entramado y que parecía inviolable, que cada día se presentaba más cruel, interesado y destructivo: jueces, profesores, personal del servicio público de salud, estudiantes, vecinos de distinta índole… vamos, lo que venía siendo una pandilla de frikis desarrapados, piojosos y violentos. Tantos millones de corazones puros no podían quedar en el olvido.

Una vez, aún aferrada a la lealtad y honestidad del pueblo español, imploré a este colectivo de ciudadanos que hiciéramos piña. Somos más y mejores, dije entonces. Por fin hoy este sueño se ha cumplido. No será fácil. Nadie dijo que lo fuera. Pero es necesario y con eso basta.

Las escusas se acaban. Los argumentos caen por su propio peso. El tiempo lo pone todo en su sitio y el tiempo, amigos, ya ha pasado. Nos toca decidir cómo queremos que sea nuestro país y empezar a trabajar para conseguirlo.


Gracias por devolverle la esperanza a gente a las que ya no les quedaba nada por perder. Larga vida a PODEMOS, salud y república!!!

jueves, 5 de junio de 2014

Pero nunca nos quitarán... la libertaaaaaaaaa

“ Libertad”, bonita palabra. Amplia en su significado y a menudo equívoca. Nunca confundir “libertad” con “libertinaje” si no quieres caer en las redes de ti mismo. Son las redes más difíciles de las que escapar.

 “Libertad” es mucho más sencillo que el cúmulo de connotaciones que lleva de por sí atribuido y atribulado la propia palabra. “Libertad” es tomarte unas cervezas con amigas y decir en cada momento lo que piensas sin pensarlo, sin temor a caer en la indecencia, en la crueldad, el sadismo (incluso en el canibalismo), en lo tendencioso o vulgar. “Libertad” es hablar y reír y reír y hablar, hasta que llega un momento que, de tanto reír, tienes que llorar, y vociferas tus ideas locas sin atender a que, en el velador de al lado la censura acecha, escondida, envidiosa de no morirse de risa, como tú. “Libertad” es verte a ti mismo como al más miserable de los seres humanos y no importante un pimiento, porque en ese momento lo único que importa es la risa. "Libertad" es hacer cosas sin sentido, sin miedo y sin reproches. “Libertad” es respirar hondo y sentirse vivo. “Libertad” es hacer lo que tienes que hacer con ilusión y optimismo. “Libertad” es amar en todo momento…


Podrán quitarnos poco a poco, como sanguijuelas, las raciones medidas que alimentan nuestros cuerpos, podrán robarnos, como gusanos, un proyecto de vida humilde y rica, podrán apoderarse de la dignidad que ellos que no han sabido lograr..., pero nunca, nunca jamás podrán quitarnos … la libertaaaaaaaaaaaaaa!!!


martes, 9 de julio de 2013

El gran mundo interior de un parado medio

Hoy me ha llegado una carta del Sexpe (Servicio Extremeño Público de Empleo)… espera que me da la risa…
Inciso: [Me hace gracia toda esta gente que, aunque de buena voluntad, siempre me dice que mantenga las esperanzas, que ya veré como en el momento que menos me lo espere, que tenga fe, que mantenga la ilusión y el optimismo, que la actitud frente a las adversidades es algo muy importante, blablablá, blablablá…]
… he abierto la carta del Sexpe con toda la ilusión, esperanza, fe y optimismo del mundo entero, pues hoy bien era un día que no me esperaba nada, y todo este bagaje de buen rollo se ha caído al suelo al ver que, cómo no, sólo se trataba de una cita rutinaria de control al parado. Bueno, quien dice una cita dice seis, dividida en tres días alternados, a dos visitas por día en horarios divergentes, ¿…? Y yo me pregunto: ¿qué interés puede suscitar controlarme con tanto ahínco a mí, que no cobro prestación alguna por desempleo? ¿Qué ventaja o provecho útil puedo sacar yo de esto? ¿Mantener los tres meses que tengo de antigüedad en el paro? Pues no lo sé, no lo supe hasta que me acerqué a la oficina del Sexpe (es lo que tenemos los parados, mucho tiempo y ganas para tocar las pelotas). Entonces, justo en ese momento en el que abrí la puerta y sentí el frescor del aire acondicionado soplar en mis sienes humeantes, justo cuando inhalé aquel olor a limpio y me atrajo la luz blanca y pura, justo allí parada en un abismo entre el cielo y el infierno, justo en aquel momento fue cuando descubrí por qué se me cita en tres días alternativos para dos visitas por día: Una empleada joven le dijo a su compañera que tenía que ir a la farmacia y ésta le contestó que la acompañaba, entonces una tercera se levantó y les dijo en voz alta: “Esperadme que voy con vosotras al centro. Tengo que ir al entierro a dar la cabezá” y se marcharon las tres tan felices… entonces miré a la sala donde están dispuestas las mesas de atención al cliente. No estoy segura de si son siete u ocho mesas con sus correspondientes administrativos. De ellas sólo una estaba operativa. Las demás, huérfanas, sin ley ni orden, llenas de papeles desordenados, abandonados, observaban la lánguida estampa. No sé dónde estaría el resto del personal, pero haciéndome eco de los quehaceres de las tres empleadas que huyeron justo cuando yo entraba, puedo adivinar que los demás tenían que estar también en importantísimos trámites. Y me vino la luz: No es que me tengan que controlar a mí. Tienen que justificar que trabajan en algo, pues dada la ausencia de trabajo para ofertar y también de cursos de formación o cualquier otra cosa que facilite  de alguna manera la más que complicada entrada al mundo laboral, no les quedan a los pobres mucho en qué entretenerse. Es como si un agente de seguridad fingiera un robo en el centro en el que trabaja para justificar la necesidad de su puesto de trabajo. Aún esto último me parece más honrado, pues en ningún momento el agente de seguridad atenta contra la fe, la ilusión, el optimismo, esperanza y actitud de gente humilde que implora un puesto de trabajo.