Páginas vistas en total

sábado, 12 de mayo de 2012

Desesperación absoluta

Tengo la agobiante impresión de que se me están acabando las hojas en blanco de esta libreta y haciendo repaso pude ver que tantas palabras, unas tras otras, no han servido para aclarar nada. Olvidé lo que dije un día, pues las palabras en sí quedaron vacías, huérfanas, ante el hoy imperante. He olvidado lo que quería decir, los recuerdos se los llevó la lluvia y deben correr inquietos rio abajo hasta confundirse en un mar incierto de palabras anónimas y recuerdos confusos, deshechos, dispares… Las palabras no tienen tiempo ya y digo Diego donde dije digo porque no recuerdo lo que dije. Ya no hay pan para los pobres, ni pobres sin consuelo. La fosa que cavaron los gigantes ha llegado hasta el infierno. Puede ser verdad eso que dicen los que un día padecieron: la juventud de hoy quiere luchar, pero no sabe cómo hacerlo, porque nunca lo han hecho.

jueves, 19 de abril de 2012

¿Rojo o negro?

Ya sé que estoy siempre quejándome de esta puta vida. Llevo unos días sin escribir nada en este saco de angustias porque no quiero trasladaros mi estado de ansiedad. Y es normal, porque no todo nos sale según lo previsto, porque vemos cómo los planes van fracasando uno a uno, porque las cosas no marchan como a nosotros nos gustaría, porque somos idealistas e inconformistas. Y esto es bueno. Muy, my bueno. Esto quiere decir que a pesar de los vaivenes del destino, a pesar de las continuas malas noticias diarias, a pesar de los abusos de poder, nosotros seguimos soñando con un lugar mejor donde vivir.

Hoy no me queda más remedio que reconocer que muy a pesar de todo: de la crisis, del paro, de la dependencia paterna, de la imposibilidad de acción, del miedo, de las dudas… es muy excitante no saber qué va a ser de mi dentro de apenas un mes. Dónde viviré. Con quién. Cómo me ganaré la vida. Cuales serán entonces mis problemas fundamentales. Hacia dónde me llevará el destino. A qué personas conoceré… Y, aunque esta sequía de información resulte agotadora y machacante, es honrado decir que resulta verdaderamente emocionante.

Muchas veces me habéis criticado por envidiar visiblemente a todas esas personas que tienen unos planes a corto, medio o largo plazo, pues tienen la seguridad de saber dónde, con quién y cómo van a estar. Esa estabilidad en la vida, da confianza a uno mismo. Yo siembre envidio lo que no tengo… pero por otra parte, las páginas de mi libro están aún por escribir, y es realmente gratificante ver, día a día, cómo la propia vida va imponiendo su devenir, sin que yo pueda adivinar por un segundo qué cauces tomará al día siguiente. La vida se convierte, per se, en una inquietante sorpresa, y a mí me encantan las sorpresas.

Entonces, todos los que nos vemos naufragando en un océano infinito de posibilidades que se escapan de nuestras manos, ¿somos víctimas o agraciados? La respuesta es bien sencilla: Depende del día.

Feliz día a todos, y si hoy no resulta ser un día muy feliz para ti, no importa, no pasa nada, sólo tienes que esperar a ver qué tal mañana. No siempre va a salir rojo, o siempre negro en la ruleta. Es una cuestión de probabilidad.

viernes, 13 de abril de 2012

Soñando la realidad

Con lo fácil que es acostumbrarse a lo bueno… tenemos que vernos de golpe a vivir la cruda realidad de los días. El frio y la soledad se hacen perpetuos en un invierno que nunca termina. Las sombras desconocidas me acechan a cada paso, las dudas, los temores… Deshago la maleta, repleta de vivencias y guardo las risas, las prisas, el calor de tus besos que calientan el deshielo… en un cajón cercano, para que pueda echar mano cuando se vuelva a caer el cielo. Olvido lo feliz que fui por un segundo para volver a la rutina del que nada tiene que hacer, más que buscar y buscar, como una aguja en un pajar, algo con que entretener el tiempo que decae, muerto casi, en el segundero del reloj. Las prisas hoy son de otros que miran y escuchan y ríen y juegan por las calles y aceras, saltando los charcos que la lluvia va dejando, mientras yo, una vez más, vuelvo a morir ahogada en esta realidad que no es más que un al sueño.

Gracias a Dios, de vez en cuando despierto...

sábado, 31 de marzo de 2012

Aplastante filosofía de un niño de siete años

Ayer estaba en uno de esos días en que se te cae la casa encima. Pensaba que no podía hacer nada para mejorar mi situación actual. ¿Qué puedo hacer yo, si no soy nadie? Entonces, no sé por qué me acordé de una conversación que tuve una tarde estival, de calor bochornoso, en la que toda la familia estaba dormitando en el sopor de la siesta en sus respectivas habitaciones, y yo aproveché el momento de soledad para darme un baño y tomar el sol en la piscina que todos los años montamos en el huerto de mi casa para el disfrute de los pequeños (y de los no tan pequeños). Entonces mi sobrino Roberto, cuya ansia por vivir la vida no le permite disfrutar de la siesta, se metió conmigo en la piscina y me dijo:
- ¿Sabes tía que yo he inventado el agua?
- Ahh, ¿si?, le contesté sin hacerle demasiado caso.
- Sí, pensé que sería interesante inventar algo para jugar y refrescarte en verano y entonces inventé el agua. Pero no te creas que sólo inventé el agua, sino que también he inventado todo lo que tiene que ver con el agua.
- Por ejemplo, ¿qué?
- Pues todo: las piscinas, los flotadores, la colchoneta esa en la que ahora estás tú tumbada, también la inventé yo.
- ¿No me digas? Pues que gran invento., le seguía yo la corriente.
- Ya lo sé. También inventé el pozo, para poder llenar de agua la piscina.
- Buena idea.
- Y también inventé el hielo. Claro que para inventar el hielo, tuve antes que inventar el congelador.
- Claro.
- Y después inventé los polos de sabores y después el helado. ¿Y sabes también qué he inventado?
- ¿Qué?
- El mar, por su puesto. Pero el mar al principio estaba quieto y no se movía, y pensé que debía inventar entonces las olas, así que metí mis manos en el mar y lo removí así con fuerza y entonces inventé las olas.
Mientras me explicaba esto, ejemplificaba el acto, metiendo los brazos en el agua de la piscina y removiendo con tal fuerza, hasta provocar un pequeño oleaje que casi me hace volcar de la colchoneta.
- Pues sí que estás tú hecho un buen inventor, le dije mientras me recomponía encima de mi, hasta entonces, plácido acomodo.
- Pues sí. ¿Y sabes también qué me he inventado?
- ¿Más?
- Sí, la lluvia la he inventado yo, porque un día pensé que el agua de la tierra se podía acabar y estaría bien que de vez en cuando lloviera para que se volviera a llenar la tierra de agua y llenar las piscinas. Además yo puedo hacer que llueva siempre que quiera, sólo tengo que cerrar fuerte los ojos y pensar que llueva, y entonces empieza a llover.
Hasta aquí llegó la cosa. Me incorporé de mi colchoneta y le dije:
- ¿No crees que eres un poquito mentirola?
- Noooo, bueno… aunque en mi colegio de Logroño me decían Roberto el mentiroso…, ummm, pero eso era por otra cosa… lo que te estoy contando ahora es todo verdad.
- ¿Entonces es verdad que puedes hacer que llueva?
- Sí.
- ¿Ahora mismo?
- Sí, claro.
- Pues hazlo.
Y me respondió muy convencido:
- Jo, tita, es que a mí no me apetece que llueva ahora, que estamos aquí tú yo tan agustito, conversando…

Ayer recordé esta historia y no pude más que reírme. Si mi sobrino de siete años puede hacer que llueva, ¿qué no puedo hacer yo…?

jueves, 29 de marzo de 2012

En el nombre del hijo

Qué difícil es poner nombre a un hijo. Sobre todo por eso de que el nombre, según dicen (y yo discrepo), marcará la personalidad del futuro hijo. Estamos seguros de que queremos que nuestro niño sea el más guapo, el más listo, el más deportista, el más compañero y generoso… vamos, que sea el dechado de virtudes que no hemos sido capaz de ser nosotros… Pero vamos a pensar por un momento con la cabeza bien fría: ¿De verdad queremos que nuestro niño sea el más listo? O sea, el empollón de la clase, un bicho raro del que los demás niños se mofan en el recreo, el “pollito” en el partido de fútbol del recreo (o en cualquier otro juego), el “gafitas cuatro ojos capitán de los piojos”? O imagínate por un momento que es el más guapo. En tal caso, has de saber que cuando esté en plena pubertad, (esa edad odiosa de cambios físicos y metafísicos), tu pequeño, tan bonito, probablemente se convertirá en un mini personaje chulesco, que colecciona novietas a las que, con sólo quince años, rompe el corazón sin, por ello, perder el sueño, sin sentimiento, ni sensibilidad alguna. (No es que sean malos, es que la sociedad los hace así) ¿Y si en vez de un niño fuera una niña? Piensa por un momento qué pasaría cuando tu princesa de quince años sale con su pandilla para hacer botellón, (o vete tú a saber qué, por que “botellón” es un término acuñado desde hace menos de 15 años, que todos sabemos qué significa, pero quién no te dice a ti que de aquí a dentro de otros 15 años no se invente otro término, como el “pastillón”, que os podéis imaginar lo qué significa). Bueno, pues eso, imagina por un momento a tu pequeña princesa por ahí, sabiendo, a ciencia cierta, que es la “tía buena” de la pandilla, diciéndote: “No pasa nada, mamá, todos mis amigos hacen pastillón. Ya acudiré el lunes…!!!” ¿Y qué tal si tu niño fuera muy buena persona, generoso y compañero? Pues viendo lo aprovechados e interesados que son los chicos de hoy en día, seguro que tu niño sería el tonto de turno, del que los demás se aprovechan. El que se deja copiar en los exámenes, el que reparte la paga con sus amigos, el que se lleva la culpa por pecados ajenos… ¿Y si fuera un superdeportista? Bueno, en tal caso el Real Madrid se lo llevaría con tan sólo diez o doce años para su cantera y lo perderías de por vida. Se convertiría en un materialista, superficial y engreído. Pensándolo bien, esta no es tan mala opción, así que ya sabéis inminentes futuras madres, si tenéis un varón colocarle un balón en los pies desde antes de que empiece a andar. Hoy por hoy es la mejor opción. Si, por el contrario, es chica, rezad porque os salga lista…

Ay, Dios, qué difícil desde antes de nacer...

martes, 27 de marzo de 2012

Me das la vida

Sonrío cuando me despiertas por la mañana con una dulce caricia y tu calor, y entonces sólo deseo que me acompañes durante el largo día, envolviéndome en abrazos interminables y besos apasionados. Cuanto te he echado de menos este invierno. Contigo soy otra persona y no me canso de tu compañía. Me das la vida y me la quitas siempre que, cobarde, te escondes entre nubarrones de interminables tormentas, pero me la vuelves a dar al pasar la tormenta, porque siempre pasa, apareces de nuevo, tímido, casi avergonzado y poco a poco te vas imponiendo hasta caer todos rendidos a tu presencia. Me embelleces siempre, pegado a mí, formando parte de mi propia piel y ensombrezco en tu ausencia, desapareciendo la alegría que traes contigo. Eres fiesta, amor, lujuria y deseo.

Te necesito, querido Sol, porque me das la vida…

viernes, 23 de marzo de 2012

España

En un país en el que se atropellan las justicias, se apalea al desarmado, se silencia al pueblo, se ignoran los derechos, se humillan las virtudes mientras, como imbéciles, se aplauden los defectos, se apoya al corrupto, escupen los decretos que defienden al pobre y amparan al obrero. En un país en el que la voz de uno suena por encima del viento, acuchillando los avances que la historia ha ido imponiendo En un país que se duele, que llora, que grita ignorado, las injusticias que ante sus ojos se están cometiendo a diario… ¿Qué se puede decir de un país abandonado, en el que la mayoría tiene suficientes conocimientos para saber hasta qué punto son graves los crímenes que se están cometiendo? Y aún a sabiendas de que lo visto es solo el comienzo, España, que somos todos, patrón y obrero, derecha e izquierda, Madrid y Barça, capitán y marinero, no quiere ver el desprecio con el que se trata a su gente, a sus ciudadanos, a su pueblo. Hay algo más que un sentimiento de indignación e impotencia, que impera estos momentos, inundando todo de tristeza. La pasión del español está decayendo, aniquilada poco a poco, por la de otros más extremos. España quedó muda un invierno, y ahora añora no haberse quedado ciega y sorda y muerta, para no ver pisoteadas aquellas batallas ganadas que heredaron del sacrificio de padres y abuelos.

No queda mada, más que dormitar durante este mal sueño o huir lejos, como ya antes otros hicieron.