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jueves, 29 de diciembre de 2011

Rematando el año

Hola chicos, ya sé que os tengo un poco abandonados estos días, y es que a pesar de lo feliz que me hace tener mi libro y estar repartiendo a diestro y siniestro como una loca, lo que será la primera edición, no puedo evitar ponerme nostálgicas en estos días de Navidad, que no me gustan en absoluto. Sin embargo no siempre ha sido así. Ya lo he dicho antes, hubo un tiempo en el que esperaba con ansiedad a que llegaran estas fechas, a que nos juntábamos la familia y nos emborrachábamos sin excusas, cuando la sonrisa ilusoria de los niños te llenaba de vida… pero ahora, sin embargo, todo eso ha cambiado. No sé quien tendrá la culpa de la crisis: los gobiernos, los bancos, los mercados internacionales, los inversores… No sé, por mucho bombardeo mediático que hemos tenido que soportar, haciéndonos a cada ciudadano doctores en economía, por los conocimientos adquiridos, al final de todo, ninguno sabemos la verdad del asunto, sólo podemos evidenciar la situación que cada uno vive… a mí me han robado la Navidad, como a otros muchos, y por eso sólo tengo ilusión por que pasen ya estos días de felicidad fingida y comenzar el nuevo año, como la que empieza a vivir, con la falsa ilusión de que algo pueda cambiar. Ya sé que estoy muy negativa, muchos lo estamos, y no es, para nada, bueno. Ahora, por fin, pues todo llega, nos encontramos, no rematando, sino reasesinando este año nefasto de abusos, mentiras e hipocresía, con la alegría de comenzar uno limpio y pulcro, como el que comienza una hoja de papel en blanco, que tiene que rellenar, y en la que seguro habrá, a medida que vaya escribiendo, faltas de ortografía, tachones y expresiones confusas. Tenemos que sacar fuerzas de flaquezas y esbozar la mejor de la sonrisa, volver a querer comernos el mundo y no perder nunca las esperanzas de que algún día, será nuestro día de suerte. Hay que llenar este folio en blanco de expresiones correctas, limpias y sin faltas...

Creíamos demasiado en nosotros mismos, y nos han enseñado a dejar de creer. Creamos ahora que el tiempo ponga las cosas en su sitio, nosotros mientras tanto no dejaremos de soñar, porque nunca hemos dejado de ser unos románticos soñadores, que desean un mundo justo.

lunes, 26 de diciembre de 2011

!Feliz Navidad!!!

Es una tradición desear feliz Navidad a todo ser, en cuanto llegan estas fechas festivas, tan odiadas por aquellos que no disfrutan de una “feliz Navidad”. Y es que la feliz Navidad no es posible para aquellos que no consiguen ser felices el resto del año. Los que sufren y padecen, los que añoran a un ser querido que un día se fueron sin despedida, los que pasan hambre o frío, los que, por pecados pasados, se encuentran separados de la familia, los que están solos, los que se empeñan en sufrir, aunque no les falte nada, los arrepentidos, los que no recuerdan ni sus nombres, porque los recuerdos les han sido robados… No nos engañemos, la Navidad es sólo para quienes viven, disfrutan y son felices durante todo el año, los que compran regalos y juntan a la familia.

Un beso, tía Mangola,
Estés donde estés…

jueves, 22 de diciembre de 2011

Terapia para una treintañera desesperada, ¡YA A LA VENTA!!!.

Bueno chicos, parecía que no iba a llegar nunca pero, llegó el momento, la hora de la verdad, el segundo cero, ya he recibido los ejemplares que tengo que vender por mi cuenta. Debido a estas delicadas e infernales fechas que sufrimos, la presentación del mismo no tendrá lugar hasta después de Reyes. Es necesario para poder organizar las cosas bien y con tiempo, no obstante, la editorial me ha mandado los ejemplares para que vaya repartiendo entre amigos y familiares, a fin de que tengáis testimonio de lo que hace tanto vengo anunciando, y, si os gusta, seáis vosotros mismos mi arma de publicidad.

Ahora me espera lo que más miedo da, que es enfrentarme a la crítica, al público y a vosotros, mis colegas. Se admiten todas las críticas posibles, mucho más las negativas, que son las realmente importantes, pues, de las buenas críticas, nada se aprende y a mí me queda todo por aprender, pues esta, Terapia, es mi primera obra publicada. Podéis tener por seguro que la primera será la peor, como es lógico, la más novata, tímida e incompleta, aún así, seguro os gustará. Las venideras, que las habrá, intentarán corregir todas las críticas que ahora reciba, que para eso se publica.

Muchas gracias a todos por hacerlo posible.

A mis amigos de Llerena decirles que, a parte de a través de mí personalmente, pueden hacerse con el libro en el estanco de la carretera y en las librerías Cuatro Esquinas y Grandizo.

A mis amigos de Montehermoso, a quienes me encantaría podérselo dar en mano, pero debido a estas fiestas obligadas a pasar en familia, no podré ir al pueblo hasta que no pasen, que sepáis que le daré a Nani una caja de ejemplares para que se los pidáis a él. Todo el que quiera que el suyo vaya personal e intranferiblemente firmado, que me lo diga antes del Viernes, y así lo haré.

A quienes no tenga la fortuna de ver tan a menudo, pueden también solicitarlo por internet a través de la página de la editorial: Éride Ediciones, ya pondré el enlace en facebook y en tuenti.

El precio del libro es de 14€, ya sé que igual es un poco carillo, pero qué son 14€ para ver hacerse realidad el sueño de una amiga… Ya lo celebraremos en un futuro cercano.

Gracias siempre, por dejarme entrar en vuestras vidas.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

La suerte, a la vuelta de la esquina...

Quizás mañana no escriba nada en este blog. Quizás no lo haga pasado, ni el otro, ni el otro…, pero no os preocupéis por mí, eso será señal de que, a lo mejor esté camino a cualquier playa perdida, en la que ahora sea verano, en la que no haya acceso a internet, ni medio de comunicación posible, en compañía de mi medio limón, sin equipaje, sin problemas, sin esperas, sólo mi medio limón y yo en busca de nuestro particular paraíso.

Quizás mañana seas tú quien no pare para leerme, quien huya a su particular paraíso con quien a ti te de la gana.

Quizás no sea yo, ni tú, pero puede ser tu vecino, tu compañero de trabajo, tu amigo de la infancia… mañana puede ser cualquiera el que salga despavorido huyendo de su vida tediosa de pobreza obligada, de sus obligaciones de pago, de sus facturas, de sus retrasos de cobro de sus miserables sueldos… Mañana puede ser cualquiera, en el día en que más repartida está la suerte.

Ojalá la suerte vaya a parar a muchos parados, a muchos maltratados laboralmente, a muchos desesperados. !Suerte a todos!

martes, 20 de diciembre de 2011

No hay días malos, sólo hay vida.

Hoy no tengo ganas de nada, perdonadme, pero un gran dolor de cabeza que como un rayo entra por las sienes y sale por la nariz en forma de mocos, no me deja pensar, ni respirar, ni vivir. Hoy tenía que haberme quedado en la camita, dormitando al calor de la fiebre que mi propio cuerpo emite. Sin pensar en nada, sólo esperar un día más, como el resto de días, sin saber las degarrantes noticias que nos inyectarán en vena hoy, sin asomar la oreja a las murmuraciones despiadadas, sin sacar la patita al frio cortante que hace en Llerena. Sin echarte de menos. Sin querer ni odiar a nadie. Sólo yo, con mi gripe, mis clínex y mis mocos a solas entre las sábanas…

Pero no, hoy no es un día cualquiera, sino que es un día de mi vida, por lo tanto ha de ser importante. Tengo que sufrir las desgarrantes noticias de hoy, tengo que echarte de menos más que nunca, tengo que pasar frío, para sentirme viva, tengo que escuchar las murmuraciones despiadadas de aquellos a quienes no les importa nadie. Un día más de vida desaprovechado es imperdonable. No quiero, yaciendo en mi lecho de muerte, acordarme de todos esos días que desaproveché en el pasado, cuando era joven. Nada va a hacer que no salga de la cama. Ni los mocos, ni los tiritones, ni el dolor de cabeza. Todo es pasajero.

Hoy martes, día 20 de diciembre del 2011, queda exactamente una semana, con sus siete días, sus 168 horas, sus 10.080 minutos y sus 604.800 segundos para recibir los ejemplares de mi libro. He estado esperando este momento más de cuatro meses, y por fin he llegado a la recta final. Una semana no es nada. Aunque tenga gripe, aunque caiga el diluvio universal, aunque se me caiga la casa encima, aunque vengan las desgracias todas juntas, este es el momento que recordaré siempre, cuando espire los últimos alientos, yaciendo en mi lecho de muerte…

lunes, 19 de diciembre de 2011

Piedras vacías

Si nacimos para padecer, que vengan a mí las miserias todas juntas, y un día olvidado llegará la paz que ansiamos, derrota tras derrota.

Un corazón que no sufre es un corazón muerto. Por eso estamos condenados a dolernos de las desventuras que llegan en estos tiempos, disfrazadas con mentiras que alimentan los cerebros.

No somos nada, somos todo.
Somos aire de un gran viento.
Un leve soplo, la vida,
De tormento en tormento.
Y mientras ignoramos, absortos,
El fugaz paso del tiempo,
Entre mentiras que creemos
Mil ilusiones que tenemos.
Los sueños rotos van en detrimento…

Mi corazón va sufriendo los golpes en cada aliento.

Voy dejando en el camino
Piedras vacías por dentro.
Piedras que arrastrará el aire,
Cuando se convierta en viento.

Y mi corazón maltrecho,
Indignado e indefenso,
Ya no puede con los baches
Del camino de los sueños.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Días tristes

Hacen días tristes. Días tristes de invierno. De frío. De silencio. De nostalgias y recuerdos de personas que, no hace mucho tiempo, reían y cantaban el villancico del campanillero. Hacen días de pena, que se esconden entre tumultos de otros que aún son felices, y gritan y compran y sonríen sin miedo de que alguna vez pierdan la alegría. Hacen días de consuelo, de heladas y gorros de lana. Días de brasero. Hacen días que unos odiamos y otros anhelan, esperando ansiosos sus regalos, por el buen comportamiento que prestaron este año. Algunos no tenemos regalo por buen comportamiento desde que perdimos la ilusión y la inocencia. Debe ser que somos malos, y por eso a nosotros, los malos, nos aterran estos días de felicidad fingida, y nos reunimos en familia, recordando los buenos tiempos, aquellos en que éramos buenos, mientras los otros abren regalos con ojos como platos junto al árbol de navidad, ignorando alegremente que un día ellos también serán malos.

Hacen días tristes para quienes no podemos comprar la navidad.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Prohibido hablar del pasado

Ya sé que hemos tenido la suerte de ser una generación que ha disfrutado a lo grande de todos los placeres de la vida. La verdad es que lo hemos pasado bestial. Hemos sido libres, cosa que no se puede decir de la juventud de ahora, atrapada entre la tecnología, las drogas, el consumismo y cientos de adelantos de este siglo XXI. Vale que también hemos sido autosuficientes, independientes y legales. Vale que hemos hecho de todo, sin abusar de nada, pero por el amor de Dios, dejemos de hablar del pasado, como si no fuéramos más que un pasado divino, que cada día está más lejos, pues siempre que rememoramos alguna hazaña, nos tenemos que remontar a muchos años atrás, y somos treintañeros, no sexagenarios. Hablemos del futuro, de lo que vamos a hacer, de lo que vamos a ser, de lo que vamos a inventar para seguir siendo los mejores. ¿No estamos en la flor de la vida? ¡Pues que se note! No podemos ser unos veinteañeros encarcelados en cuerpos de treintañeros, que piensan, sueñan y sienten como veinteañeros, porque esa época ya ha pasado. Y sí, fue la mejor, sin duda alguna, pero los treinta serán mejores que los cuarenta y los cuarenta mejores que los cincuenta. Lo mejor de todo es que pase lo que pase, ya sea para mal o para bien, la vida sigue, nunca para, el tiempo da vueltas y vueltas en el segundero del reloj, y no hay espacio para nostalgias inútiles. Dejemos de intentar detener el tiempo y empecemos a disfrutar del que nos queda. La vida es una carrera contra reloj, y nosotros llevamos la mejor de las marcas.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Un teatro inacabable

Es cierto que a todos nos gusta quejarnos de nuestras desdichas cuando las cosas no salen como a uno le gustaría que saliesen, y en ocasiones hasta llegamos a exagerar las desgracias que nos acontecen, porque en el fondo nos encanta ser dramáticos con los procederes que la vida nos tiene reservados. Es lógico, todos somos grandes cómicos en el teatro de nuestra vida, en el que cada uno actúa como pleno protagonista, y estamos en todo el derecho de sobreactuar cómo y cuando queramos. Al fin y al cabo es el último resquicio de gloria que nos queda… Pero también es justo admitir nuestra parte de culpa en aquellas cosas que no nos sale especialmente bien, porque si miramos en el fondo del asunto en cuestión seguro encontramos, bajo algún trozo desgarrado de infortunio, allí escondida, la culpa propia. Solemos alegar a la mala suerte como responsable comodín, en muchos casos por no querer encontrar la verdadera culpa, ocasionadora del hecho maldito. Pero no es cierto eso de que tengamos o dejemos de tener buena o mala suerte, al menos no siempre. La suerte, muchas veces, está ahí para quien la busca. Sé de casos concretos de gente que salió y arriesgó por encontrar la suerte, y finalmente ganó. Pero son pocos casos de gente muy valiente a la que no le importó lo que pensaran los demás en un momento delicado. La suerte está ahí para cualquiera que quiera encontrarla, pero nadie dijo que fuera fácil. La búsqueda puede tardar porque no la busquemos de la manera correcta, porque nos perdamos por el camino o porque sencillamente nos entretengamos con otros asuntos más divertidos, pero estoy segura de que merece la pena intentarlo. Sólo es cuestión de tiempo y empeño.Yo aún estoy en ello.

No hay finales en nuestro teatro, hasta que no baja el telón. Sólo hay principios de unas tramas que siguen a otras. No hay más “se terminó”, sino “algo nuevo comenzará”. Si finalizas una etapa en el trabajo, otro nuevo espera. Si rompiste una relación, un nuevo comenzar está aguardando. La vida son comienzos tras comienzos de etapas que se abren camino unas tras otras, haciéndonos renacer en cada momento, para que esta obra, que es tu vida, no agonice en el primer acto.

martes, 13 de diciembre de 2011

El pasado, a veces, se convierte en presente.

Tantas emociones no se pueden condensar en unas cuantas palabras. Un día normal se puede convertir de repente, en uno de los mejores días de tu vida cuando llaman al timbre y tras la puerta se encuentra una persona que adoras y añoras, que por desórdenes cotidianos del día a día, por avatares de la vida o simplemente por dejadez, vaguedad o vergüenza, hace más de quince años que no ves. Y tras tantos años, que pasaron en dos días, puedes comprobar que esa persona sigue siendo la misma niña que era entonces, misma sonrisa dulce, misma mirada triste que empalaga, misma belleza angelical, que parece que no hubiesen pasado más que ese par de días que fueron años. Con la única diferencia de ser un poco más responsable, un poco más madura y un poco más madre que entonces. Y de repente recuerdas aquellos veranos con la casa inundada de parientes forasteros, las habitaciones llenas de colchones por los suelos, las comidas por turnos, los juegos incesantes por la casa de quienes entonces éramos los niños, sin dejar a los mayores descansar a la hora de la siesta. Y recuerdas con nostalgia las cartas infantiles que nos enviábamos cuando apenas sabíamos escribir, y las postales de navidad, que diciendo “Feliz navidad y prospero año nuevo”, decían “Te quiero mucho, te añoro, ojalá pase pronto el año para que otra vez vuelva a ser verano y nos volvamos a encontrar”. Recuerdas también los montones de chucherías que nos traía la tía Isa de su kiosco, en aquellos tiempos que tan poco dinero gastábamos los niños, y suponían un tesoro inigualable. Recuerdas cómo repartíamos como hermanos tan preciado tesoro, y luego no comíamos la cena, pues estábamos empachados con tanto dulce. Y los Cola Cao con galletas, y los pollitos de colores, y los dibujos en la pared, y el escondite por el laberinto que era mi casa…

¡Qué felices éramos cuando éramos felices!

Todos estos cientos de recuerdos que se esconden tras la esquina de hace apenas veinte años, se agolparon de repente tras abrir la puerta y volver a gozar de tu sonrisa, de tu mirada, de tu belleza. Veinte años que pasaron hace dos días… y el mismo sentimiento a la despedida, el mismo “no soporto que te vayas” de cuando éramos niñas.

No puedo dejar de arrepentirme por no haberte acompañado en los momentos importantes de tu vida, en los éxitos y fracasos, y de haber dejado de escribirte esas postales, que diciendo tan poco decían tanto.

Te quiero, Pri.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Miedo

El camino hasta ascender la montaña ha sido duro, cuesta arriba, lleno de baches y trampillas, rocas y maleza,
y ha costado lágrimas, sudor, fuerzas de flaquezas.
Pero ya estoy a punto de llegar a la cima. He soñado mucho con este momento, y verme libre, saltar sin miedo y surcar los vientos de un cielo inmenso. Pero los vientos son violentos y el parapente que he estado fabricando durante este tiempo, no es ni con mucho, perfecto. Tiene costuras abiertas e hilos sueltos.

Llego arriba ansiosa, casi sin aire en la garganta, miro atrás y veo los fracasos, las caídas los Noes del principio y me alegro de haberlo conseguido. Mi sueño sólo era lanzarme a surcar los vientos desconocidos en mi maltrecho paracaídas. Ya sólo estoy a un paso, pero miro al frente y veo la inmensidad de la altura, la fuerza del viento y el peligro. Me da vértigo y nauseas, pero llegado a este punto, sólo queda el camino hacia delante. Tengo que afrontar el miedo a caer de cabeza en el frío invierno. El riesgo es mucho. Más de lo que pensaba al principio, cuando creía jugar a un juego y el juego se convirtió en desafío, provocando el desvelo que acuchilla el sueño apacible que un día vivía holgado en mi cuerpo. Y las noches se hacen espesas en la soledad del desvelo, haciendo de los días, ajetreo somnoliento.

Ya no aguanto un minuto,
Voy despegando mis alas.
Esperadme abajo para recoger los pedazos
De este cuerpo, que un día, se creyó alma.

lunes, 5 de diciembre de 2011

La mala organización

Ayer estuve viendo un documental sobre las miserias de las zonas más desfavorecidas del planeta, estas que cuando salen en la tele nos vuelca el estómago y nos sentimos mal por no saber qué hacer. Lo cierto es que aportar ayuda es sencillo, pero no sabemos a quien recurrir, si van a gestionar el dinero correctamente o lo empeñarán en otros fines, y el miedo, la impotencia que genera en la sociedad hace que finalmente cambiemos de canal, pues es bastante desagradable para la gente normal como tú y como yo, ver cómo mueren los niños hinchados mientras se lo comen las moscas, a la misma hora en la que tú te estás comiendo un buen plato de cocido.

Decían que la solución a tanta mortalidad y precariedad de vida es bien sencilla. Con una aportación de un euro al año por cada ciudadano se podrían crear pozos de agua potable que hicieran posible la agricultura y el autoabastecimiento en estas zonas olvidadas por nuestro Dios. Sólo el hombre puede salvar al hombre. ¿Quien no quiere dar un euro al año? Nadie, absolutamente nadie estaría en contra de hacer una aportación de un euro por persona al año para conseguir acabar por fin con estas imágenes que desgarran el corazón. Pero, ¿cómo hacerlo?, ¿a quien tengo yo que dar mi euro para contribuir? No lo sabemos, y como no lo sabemos, no lo hacemos.

Ningún estado de los países desarrollados tiene una entidad estatal que se dedique exclusivamente a este trabajo maravilloso. Nos hacen pagar impuestos por todo, impuestos que son ineludibles, aunque resulten abusivos. ¿No creéis que si nos obligasen a pagar un impuesto de un euro por año y persona destinado a ayudas humanitarias, la gente no estaría encantada de pagar ese puto euro de mierda? Si tenemos un ministerio de asuntos exteriores, ¿por qué no un ministerio de ayuda internacional? Sería el impuesto más aplaudido, laureado y generoso. El único que la gente pagaría encantada de la vida. Un euro mínimo por persona y año, amplificable hasta el infinito (si se desea) para poder hacer frente a desastres naturales, no- naturales, y ayuda humanitaria de todo tipo.

Empecemos a construir este nuevo mundo. No existe el mundo perfecto, siempre habrá heridas que sanar, pero podemos empezar por llevar tiritas a todos los rincones.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Tus ojos

La belleza de tus ojos, tan intensos,
Esconden mentiras, las convierten en caricias,
Derretidas en mi cuerpo.

Tu mirada azul dulce, tu mirada, mar y cielo,
Desvelan sentimientos, sin sentir amor eterno,
Todo es tiempo tras el tiempo.

Tus ojos de cristal de fuego, que pintan paraísos
Dentro de maldito infierno.

Tus ojos, fantasía de diamante, convierten en poesía,
Los colores del cuaderno de aquel niño
Vagabundo, que errante vive el mundo.

Ojos de alcohol etílico, sangrando vida por los costados.
Ojos verdes, anaranjados, que temen ver y se han cerrado.

Ojos sublimes, ojos de gato, ojos puros de amor ingrato.
Reflejo de otros ojos que ahora te besan,
Ardor y dolor para el que espera.

Ojos de brujos que besan princesas,
De tus ojos asesinos quiero yo ser prisionera.

Ojos de ensueño que sueñan primaveras,
Sobre la hoja del rio, cantan tristes las sirenas.

Tus ojos que destruyen y devoran
Que bajan al infierno y revuelven el fuego de míseras horas
Para volverme loca, y me vuelven más que loca.

Ojos negros, asesinos, ojos marrones…

Los ojos que enciendes, desnudan y agolpan furia de reses
Que tú no controlas. Ojos simples, infinitos,
Espejo de marfil de roca.

Los ojos que miran cuando besan en la boca,
Y no me tocan.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Naranja y limón

Ayer fue uno de esos días agridulces, en el que tienes que compaginar la alegría de un acontecimiento con la tristeza de otro, y el hecho de sentirte feliz por algo, te hace parecer miserable.

Fue genial recibir la cantidad de mensajes de ánimos, de apoyo incondicional, el abrigo del abrazo de todos los que conoces, las llamadas de felicitación, en un momento crucial, que esperabas hace mucho. No sé cómo podría agradecer tanto como me dais. No lo merezco. Es demasiado. Vosotros sois demasiado para mí.

Por otro lado, el hecho de que tu madre se levante mareada, con vómitos, sin fuerzas, te baja de la nube en la que vosotros me subís a diario. Y es que mi madre, por mucho que me queje de ella, por muy pesada que sea y a pesar de lo que discutimos, es la luz que me guía. La única persona que siempre me ha hablado sincera de la crudeza de las cosas, del sacrificio, de la derrota, y al verla tan empequeñecida sólo deseo que me dure muchos, muchos años más, dando por culo.

Esto te hace darte cuenta de que lo importante en la vida no son las cosas que esperas que sucedan, sino las que esperas que no sucedan nunca, sabiendo que tarde o temprano sucederán.

Por cierto, mi madre hoy ya está dando por culo alegremente, lo que quiere decir que se encuentra mucho mejor.

Ayer fue un día de contrastes. Del miedo a la euforia, de la tristeza a la más absoluta alegría y el punto positivo lo pusisteis vosotros. “Gracias” es poca palabra.

jueves, 1 de diciembre de 2011

¡Ya está aquí!, ¡ya ha nacido!!!

La sensación que he experimentado esta mañana, al abrir la puerta y recibir en mis propias manos mi primer libro, es indescriptible. Ha sido emocionante, y a la vez me ha invadido una sensación de vertiginosidad extrema, por la responsabilidad a la que me enfrento. Supongo que debe ser algo parecido a ser madre por primera vez. A lo mejor mi hijo es feo, pero para mí siempre será el más guapo del mundo, porque es mío y lo he hecho con todo el amor que una madre puede dar. Vino al mundo, casi sin avisar. Se cuajó sin saber yo misma que lo que se estaba cuajando iba a ser lo que esta mañana sostuve entre mis dedos. Es increíble. Tan pequeño, tan torpe, tan indefenso ante el mundo… desde el primer momento en que me dispuse a escribir un libro, de lo que tan sólo eran unas cuantas notas de emociones y sentimientos dispersos, he soñado cómo sería el instante de recibirlo, y la realidad siempre supera a la ficción. He llorado un poco, porque ha costado mucho parirlo, pero ya está aquí. Seguro que me dará más disgustos que alegrías, pero merecerá la pena. Ya sólo me queda presentarlo en sociedad, para que todos me podáis decir qué bonito es mi hijo, aunque sea feo.