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lunes, 11 de marzo de 2013

El Cielo y el Infierno


En estos tiempos de crisis moral permanente, en los que tan siquiera el Papa se cree digno de su puesto de responsabilidad ante Dios, y en contraposición de la ausencia de otras abdicaciones, que serían sin duda más aplaudidas (pues poco me importa a mí quién sustente el más alto cargo en lo que se reconoce como la mayor pantomima moral reconocida en la historia). No obstante, ante la magnánima importancia histórica del hecho en sí, quisiera dedicar esta entrada a todas aquellas personas humildes que abrazan la religión cristiana, pues, sencillamente, es la religión en la que le educaron y no conocen ninguna otra, y, como tal,  cumplen con los reglamentos y dictámenes que, años atrás, unos cuantos hombres poderosos impusieron para poder así manejar mejor a su pueblo y que hoy día, como está más que visto, quedan muy lejos del sentir y actuar de esa élite aristocrática en la que se han convertido los “siervos de Cristo”, que siguen imponiendo los mismos preceptos a su pueblo, tales como la bondad, la humildad, la pobreza, la honradez (y más conceptos propios de una clase obrera, sumisa y oprimida).

Comprendo  a todo aquel que siga un dogma religioso, como el que sigue un manual de buenas costumbres, es decir, aquel que centra su fe en los preceptos que invocan la buena voluntad o praxis del Hombre, acompañándolas con mitos y leyendas que facilitan un aprendizaje de las mismas. De la misma manera que rechazo a aquellos otros que abrazan la religión motivados por ganarse una plaza en el paraíso del nunca jamás. ¿Qué sentido tiene vivir una vida en pro del “más allá” si lo único que tenemos claro es el “más acá”? La doctrina podría decir: “Sed buenos los unos con los otros y tendréis la recompensa de haber sido buenos los unos con los otros”, simplemente. ¿Bienaventurados los pobres porque de ellos será el reino de los cielos? Bueno…, no hay palabras. Es como decir “no tonto, si tú tienes más suerte, porque cuando te mueras lo vas a pasar de vicio, mientras que yo lo estoy pasando de vicio durante la vida”. ¿Cuántas veces, de pequeños, hemos escuchado eso de: “Vas a ir al infierno”? Y nosotros, como niños que éramos, nos acojonábamos. Ni que no viviéramos ya en el infierno, o en el cielo, ¿Quién lo sabe? Quizás estemos muertos y ahora estamos viviendo la recompensa de nuestra pasada y olvidada vida.

Yo no sé si fui buena o mala en la vida. Lo normal sería que fuera un poco de las dos cosas. Lo que está claro es que veces no sé muy bien dónde estoy. ¿Qué más Cielo puede haber que estar a solas contigo?, ¿qué más Cielo, que un segundo de placer?, ¿qué paraíso puede mejorar la catarsis absoluta de saborear un pedazo de buen chocolate, un cigarrillo después de comer escuchando aquella melodía tan especial que eriza los sentidos?, ¿qué placer supremo puede ser mayor al de tus besos y caricias, al del calor de tu cuerpo cercano en una noche fría de lluvia y tormenta que se hace interminable?, ¿qué puede ser más gratificante que la sonrisa sincera, limpia y pura de un hijo?, ¿qué inmensa eternidad puede compararse con la belleza infinita de un rayo hundiéndose en la mitad de las olas de un mar intempestivo y violento ante un horizonte de malvas, fucsias y violetas? Y, en igual grado, imaginando que hemos hecho las cosas tan mal que en el examen final de vida suspendemos, y por lo tanto estamos abocados a sufrir y padecer los agravios de un infierno cruel, desolador e infinito, ¿qué nos puede ofrecer este infierno tan temido, qué será tan terrorífico que no hayamos ya vivido? ¿Quizás haya algo peor que las enfermedades que sufrimos y sus constantes amenazas, algo más insoportable que los asesinatos que comemos cada día, peor que las violaciones, los maltratos, las injusticias que de una u otra manera estamos obligados a padecer?, ¿hay peor que la mentira, que los abusos de poder? ¿Puede haber algo peor que ver morir a un hijo, víctima de una guerra de la que ni él, ni su madre, ni nadie de  su familia tiene culpa? ¿Qué infierno, más allá de la muerte, puede ser más cruel que aquel otro infierno, antes de la muerte, que vive un niño de trece años en su propio colegio, cuando todos sus compañeros se ríen a diario de él por ser pequeño, o grande, o gordo, o flaco, o listo, o torpe, o callado, o sensible, o bueno…? ¿Cómo, en definitiva, puede existir un infierno peor que el que imponen los intereses de poder y las rivalidades de las distintas religiones ya existentes?

No hay nada después de la muerte. No más Cielo ni más infierno que el que vivimos durante la vida. Nada peor y nada mejor. Esta es, para bien o para mal, la cara y la cruz. Sin religión existe un mundo más cercano al cielo ¿Qué elijes tú?

No quiero esperar un Cielo, me quedo con mi cielo, aquí, ahora, viva.  

jueves, 7 de marzo de 2013

¿Por qué dejé de escuchar Pear Jam?


El otro día, en uno de los interminables trances que paso esperando en alguna estación de autobuses extremeña el siguiente enlace para llegar al fin del mundo, decidí escuchar en mi Mp4, para variar,  la radio, pues estaba un poco cansada de la música repetida que tengo guardada, que aunque me encante, ya se sabe que lo mucho agota (y por eso te quiero tanto). Entonces, no recuerdo el dial, sonó una canción de Pear Jam que hacía tiempo que no escuchaba, y recordé que antes me encantaba escuchar Pear Jam a todas horas, cuando estaba triste, cuando estaba contenta, y no entiendo cual fue el motivo por el que de repente, de un día para otro, dejé de escucharlo. Quizás alguien me dijese que era aburrido, pero a mí me hacía sentir, y aprecio todo lo que me hace sentir, ya sea alegría o nostalgia (por eso te quiero tanto), pues sólo el sentir me recuerda que sigo viva. Tal vez fuera por culpa de la fulminante evolución tecnológica que los hijos de la Democracia hemos sufrido durante casi toda nuestra vida. Desde que no tengo coche, no utilizo los Cds. Tengo toda mi música guardada en el ordenador y de ahí va directamente al Mp4, quedando mi viejo y cochambroso Discman, con quien tantos momentos he compartido, abandonado al fondo del cajón de las cosas inútiles, como la cámara de revelar, las cintas de casete, mi super primer móvil, la estación meteorológica, un Zipo, la agenda de teléfonos (formato papel), algunas cartas y postales y otras símbolos del entrañable siglo XX. En aquel instante, al escuchar Alive, con los pies helados y cargada de maletas, como antaño, me sentí yo, porque era la misma persona en similar situación, reconociendo un sentimiento casi olvidado y acordándome de la misma persona que antes ocupaba mis pensamientos (por eso te quiero tanto), y me pregunté, ¿por qué demonios dejé de escuchar Pear Jam?, ¿por qué dejamos de hacer cosas que nos gustan y no cuestan ningún esfuerzo seguir haciéndolas?, ¿será un cambió evolucional que padecemos sin sentirlo? Tan simple como dejar atrás cosas significativas como la universidad, los amigos con los que tanto hemos compartido, las aficiones, los gustos y en resumen un periodo de la vida que echa el cierre definitivo para no volver jamás. Y mientras apuramos la liquidación por cierre de aquella etapa mágica, aferrándonos a los últimos rescoldos de supervivencia en la ficción realista en la que se movían nuestras vidas, no somos consciente de que sólo nos llevaremos para siempre los vagos recuerdos y algo realmente significativo que nos acompañará al futuro y que convertiremos en atemporal,  para poder, de vez en cuando, rememorar antiguas vivencias de anti héroes despojados de su mayor poder: la juventud. (Por eso te quiero tanto).

miércoles, 6 de marzo de 2013

Deudas pendientes


Ahora que tanto se habla de deuda, no he podido evitar acordarme de las mías, y haciendo recuento me he dado cuenta, ¡Dios!, ¡Cuánto debo! ¡Es todo un imperio! Y no me refiero al tema económico, ni mucho menos. Ojalá todas mis deudas se resumieran en unos insignificantes euros. En este paréntesis de crisis existencial (de no me quiero acordar cuánto tiempo) , en los cuales he tenido que irme desprendiendo de valores conseguidos con mucho esfuerzo, tales como la independencia, el autodeterminismo o la libertad, he gozado de otras atenciones que, sin darme apenas cuenta, he dejado a deber: unos cuantos cafés y similares copas, innumerables besos y abrazos, millones de segundos de escucha y comprensión, alguna que otra visita, decenas de regalos, algún poema, cientos de “gracias”, millones de “losientos” y muchos, muchos más “tequieros”. Aún no es tarde, de hecho creo que ha llegado el momento justo de ponerme al día con mis deudas. Al mismo tiempo que consigo equilibrar mis cuentas económicas iré también pagando estas otras cuentas que no olvido, pues llevo fielmente anotadas en mi libreta de cuentas en B, antes de que nadie me embargue su cariño, pues esta es sin duda mi deuda más abultada y retrasada, y sin embargo, a diferencia de la encantadora chica Bbva (a la que algún día echaré de menos), aún nadie me ha llamado reclamándome nada.

martes, 5 de marzo de 2013

¿Dónde?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿por qué?, y por su puesto, ¿con quién?


Empiezo a estar cansada de hacerme la fuerte. Yo no soy fuerte. Pero tengo que reconocer que, gracias al espíritu romántico que me aflige, adoro verme obligada a vivir en un mundo tan despiadado como en el que vivo, y poder así llevar a cabo mi máxima: Sufro, luego existo. Pero, muy lejos de pensar hacer de mi vida una condena, me regocijo en mi desdicha mientras dure, pues el dolor es la máxima exponente del amor y sobre todo porque hay algo más fuerte que la alegría, más aún que el amor, el odio o el deseo. Hay algo que nos invita a todos a empujar los días, unos tras otros. Hay algo que, por muy crueles e injustas que vayan siendo las adversidades, nos hace sacar fuerzas de flaquezas para continuar en la guerra fría y esta fuerza innata es precisamente la curiosidad de saber qué habrá tras la derrota. Qué nos espera en la tempestad. Dónde acabaremos tras las sacudidas del viento intempestivo.  Cómo. Con quién. Y este es el fin de seguir viviendo. Saber qué habrá mañana. Una vez más, el señor Ser Humano sobrevive gracias a la curiosidad y a las preguntas incontestables que se hace incesante sobre el mundo que les rodea.
En esta nueva etapa de mi vida como miembro de la clase obrera que desempeña una actividad laboral, he de decir que mis perspectivas de vida no han  cambiado mucho, ni mis pensamientos, ni mis dudas, ni mis deseos más profundos, ni mis sueños ni temores, y esto me hace pensar que, el universo que nos rodea a cada uno de nosotros no sufre cambios significativos del qué, el dónde, el cuándo, el por qué, el cómo y el con quién. Nuestro universo es nuestra esencia, y como tal, no varía a corto o medio plazo, aunque pensemos lo contrario. Mi universo está repleto de preguntas y eso no cambiará aunque me tocara el Euromillones. La felicidad está dentro de nuestro propio universo, disfrazada de algo que no hemos podido averiguar, pero no está fuera de él, en lo imposible. Nos hicieron creer que podíamos comprarnos una felicidad y estrenarla cuando quisiéramos y cuando la compramos descubrimos que no era realmente así. Es mucho más sencillo. Como siempre, el éxito está en lo sencillo, lo realmente difícil es encontrar la manera de hallarlo. Pero es tan sencillo que parece difícil.
Hace unas semanas estuve jugando a un juego con mis hermanas, para pasar el rato y reírnos un poco. Se trataba de hacer una lista con cosas que nos gustaban de nuestras vidas. Después hicimos una lista con las cosas que detestábamos de ellas. Y más tarde hicimos otra con las cosas que no tenemos y nos gustaría tener. Y fue significativo ver cómo mis parientes más negativos odiaban conceptos muy abstractos e implicaban a segundas personas y además desearían otras cosas difícilmente realizables, mientras que otros parientes más optimistas odiaban cosas muy puntuales de sus propias vidas y serían más felices realizando otras actividades perfectamente realistas y fácilmente realizables. Esto me hizo darme cuenta de que los más infelices no tienen control sobre su actividad diaria y culpan a otros de sus desgracias, mientras que los más felices valoran acciones sencillas, más acorde con sus posibilidades reales. Entonces comprendí que no quería verme en el futuro preguntándome qué fue de aquel mundo que me pasé la vida esperando a que llegara, sin saber que he vivido precisamente ese mundo y no me he dado cuenta.
A partir de hoy seguiré sufriendo mi mundo cruel, pues eso me hace dichosa de estar viva, e intentaré ignorar los demonios del qué, el cuándo, el dónde, el porqué y el con quién, para que la propia vida me vaya desvelando a su tiempo tales misterios.

jueves, 21 de febrero de 2013

Ensoñaciones imposibles


Hoy me ha dado por pensar: si nosotros que somos tan reivindicativos, que nos gusta tanto protestar por las injusticias, los abusos legales, las infamias políticas que comemos a diario. Nosotros  que disfrutamos riéndonos con los chistes juiciosos y macabros que unos cuantos cerebros prodigiosos publican y difunden por internet, ¿qué pasaría si nuestros cuerpos abatidos ante tanta indignación se levantaran un día y todo funcionara bien? Si consiguiéramos un trabajo justo, si las noticias fueran positivas, si no hubiera abusos, si la educación española fuera un éxito europeo, si las prestaciones sociales cubrieran al cien por cien las necesidades de los ciudadanos, si el precio de la vivienda fuera el de hace diez años y el respeto al profesor el de hace veinte. ¿Qué pasaría si, de repente, hubiera justicia igualitaria para todos, y el debate de la nación fuera un no parar de propuestas de todos los partidos políticos, trabajando al unísono para hacer de este país un lugar digno donde vivir? Si la agricultura y la ganadería recuperaran el valor que moralmente se merece e injustamente ha ido perdiendo, en detrimento de otras actividades menos lícitas. Si se financiaran las investigaciones científicas, médicas, tecnológicas y medioambientales con becas públicas y nuestros “cerebritos” no tuvieran que emigrar para realizar sus innovadores proyectos. Qué pasaría si los periódicos no hablasen de corrupción más que en la sección de internacional, y el precio de productos básicos, como la electricidad, el gas o el petróleo estuvieran controlados por un gobierno justo que mirara por los intereses del ciudadano ante cualquier otro interés particular. ¿Qué sería de nosotros si la lectura fuera la principal fuente de ocio y las bibliotecas estuvieran llenas de jóvenes ansiosos por aprender? ¿Qué haríamos si un día despertáramos en la España que todos deseamos?

lunes, 18 de febrero de 2013

Suspirando siempre por tí.


Paso las horas suspirando por ti, aunque aún no te conozco. No veo el momento de tenerte conmigo. Y ahora que ese momento se acerca no puedo evitar tener dudas. ¿Seré buena para tí?, ¿serás tú bueno para mí? Te he imaginado de tantas maneras diferentes… te he imaginado duro, fuerte, casi insoportable y no me importa. Te he visto interesante, atractivo, justo y solidario, lo que siempre he querido. Te he deseado apasionado. Seas como seas, te querré, porque te espero ansiosa desde hace ya tanto tiempo…y aunque me des problemas, aunque con toda certeza me quejaré de ti en más de una ocasión, aunque me robarás el tiempo, la fuerza y la salud, aunque te llegue a maldecir cuando me tengas harta porque sin duda me cambiarás la vida por completo, poniéndola patas arriba, te necesito más de lo que te imaginas. Sin ti ya no podía seguir viviendo ni un momento más, mi queridísimo futuro empleo.

viernes, 15 de febrero de 2013

La pasión


Un filólogo puede analizar una oración subordinada adjetiva explicativa, pero la cosa se complica cuando ha de dar cuenta de su propio sentir, y es que, cuando la pasión te hace ignorar la razón, hasta el lenguaje se descontrola. Últimamente la pasión baraja nuestra vida en vista de no tener nada material a lo que aferrar el futuro. Pero la pasión, tan grata en ocasiones, es peligrosa cuando se desborda. Por pasión se ama y por pasión se mata. ¿Acaso los asesinos no son más que seres altamente pasionales? Entonces, ¿dónde está el límite? ¿En qué medida podemos decir que la pasión se nos ha ido de las manos? ¿Cómo podremos controlar esa fuerza que emerge de algún lugar de psico individual antes de convertirse en altamente peligrosa? Imaginaros que hubiera unas pastillas para controlar los ataques de pasión, ¿Cuál sería el momento exacto en el que deberíamos tomarlas? Porque de existir, creo que estoy empezando a necesitar esas pastillas.
En nuestro estado de absoluto nada, sólo podemos asirnos a los propios sentimientos para dejar obsoletas, vacías o incompletas palabras como “indignación”. ¿Qué es la indignación? ¿Acaso esa simple palabra, que no hace tantos años tuvo un significado completo, es capaz ahora, por sí sola, de expresar la complejidad de sentimientos (furia, odio, opresión, vergüenza, lástima, asco, repulsión, violencia, ignorancia, ira, pánico, indefensión, impotencia…) que experimentamos en estos momentos? No, el lenguaje es, sin lugar a dudas, insuficiente, llegados a este punto de exacerbación de sentimientos.
Quizás el humor sea una alternativa para sobrevivir a tanta injusticia, pero yo estoy cansada de reír. Desde que el pueblo pasa hambre la injusticia dejó de tener gracia. Quizás haya llegado la hora de luchar a muerte. Es hora de poner en juego la vida para tener opción a alcanzar la bolsa. Mi pasión me provoca deseos de muerte. Hora de la pastilla.