Ahora que tanto se habla de deuda, no he podido evitar
acordarme de las mías, y haciendo recuento me he dado cuenta, ¡Dios!, ¡Cuánto
debo! ¡Es todo un imperio! Y no me refiero al tema económico, ni mucho menos.
Ojalá todas mis deudas se resumieran en unos insignificantes euros. En este
paréntesis de crisis existencial (de no me quiero acordar cuánto tiempo) , en
los cuales he tenido que irme desprendiendo de valores conseguidos con mucho
esfuerzo, tales como la independencia, el autodeterminismo o la libertad, he
gozado de otras atenciones que, sin darme apenas cuenta, he dejado a deber:
unos cuantos cafés y similares copas, innumerables besos y abrazos, millones de
segundos de escucha y comprensión, alguna que otra visita, decenas de regalos,
algún poema, cientos de “gracias”, millones de “losientos” y muchos, muchos más
“tequieros”. Aún no es tarde, de hecho creo que ha llegado el momento justo de
ponerme al día con mis deudas. Al mismo tiempo que consigo equilibrar mis
cuentas económicas iré también pagando estas otras cuentas que no olvido, pues
llevo fielmente anotadas en mi libreta de cuentas en B, antes de que nadie me
embargue su cariño, pues esta es sin duda mi deuda más abultada y retrasada, y
sin embargo, a diferencia de la encantadora chica Bbva (a la que algún día
echaré de menos), aún nadie me ha llamado reclamándome nada.
Terapia es la historia de una mujer cualquiera que sobrevive a estos años inciertos de crisis económica, intelectual y personal. Una historia narrada en primera persona, que analiza los principales problemas de la juventud actual, con un toque de ironía y humor, y alguna dosis de sentimentalismo.
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miércoles, 6 de marzo de 2013
martes, 5 de marzo de 2013
¿Dónde?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿por qué?, y por su puesto, ¿con quién?
Empiezo a estar cansada de
hacerme la fuerte. Yo no soy fuerte. Pero tengo que reconocer que, gracias al
espíritu romántico que me aflige, adoro verme obligada a vivir en un mundo tan
despiadado como en el que vivo, y poder así llevar a cabo mi máxima: Sufro, luego existo. Pero, muy lejos de
pensar hacer de mi vida una condena, me regocijo en mi desdicha mientras dure, pues
el dolor es la máxima exponente del amor y sobre todo porque hay algo más
fuerte que la alegría, más aún que el amor, el odio o el deseo. Hay algo que
nos invita a todos a empujar los días, unos tras otros. Hay algo que, por muy
crueles e injustas que vayan siendo las adversidades, nos hace sacar fuerzas de
flaquezas para continuar en la guerra fría y esta fuerza innata es precisamente la curiosidad de saber qué
habrá tras la derrota. Qué nos espera en la tempestad. Dónde acabaremos tras
las sacudidas del viento intempestivo. Cómo.
Con quién. Y este es el fin de seguir viviendo. Saber qué habrá mañana. Una vez
más, el señor Ser Humano sobrevive gracias a la curiosidad y a las preguntas incontestables
que se hace incesante sobre el mundo que les rodea.
En esta nueva etapa de mi vida
como miembro de la clase obrera que desempeña una actividad laboral, he de
decir que mis perspectivas de vida no han
cambiado mucho, ni mis pensamientos, ni mis dudas, ni mis deseos más
profundos, ni mis sueños ni temores, y esto me hace pensar que, el universo que nos rodea a cada uno de
nosotros no sufre cambios significativos del qué, el dónde, el cuándo, el por
qué, el cómo y el con quién. Nuestro universo es nuestra esencia, y como tal,
no varía a corto o medio plazo, aunque pensemos lo contrario. Mi universo está repleto
de preguntas y eso no cambiará aunque me tocara el Euromillones. La felicidad
está dentro de nuestro propio universo, disfrazada de algo que no hemos podido
averiguar, pero no está fuera de él, en lo imposible. Nos hicieron creer que
podíamos comprarnos una felicidad y estrenarla cuando quisiéramos y cuando la
compramos descubrimos que no era realmente así. Es mucho más sencillo. Como siempre,
el éxito está en lo sencillo, lo realmente difícil es encontrar la manera de
hallarlo. Pero es tan sencillo que parece difícil.
Hace unas semanas estuve jugando
a un juego con mis hermanas, para pasar el rato y reírnos un poco. Se trataba
de hacer una lista con cosas que nos gustaban de nuestras vidas. Después hicimos
una lista con las cosas que detestábamos de ellas. Y más tarde hicimos otra con
las cosas que no tenemos y nos gustaría tener. Y fue significativo ver cómo mis
parientes más negativos odiaban conceptos muy abstractos e implicaban a segundas
personas y además desearían otras cosas difícilmente realizables, mientras que
otros parientes más optimistas odiaban cosas muy puntuales de sus propias vidas
y serían más felices realizando otras actividades perfectamente realistas y fácilmente
realizables. Esto me hizo darme cuenta de que los más infelices no tienen
control sobre su actividad diaria y culpan a otros de sus desgracias, mientras
que los más felices valoran acciones sencillas, más acorde con sus
posibilidades reales. Entonces comprendí que no quería verme en el futuro
preguntándome qué fue de aquel mundo que me pasé la vida esperando a que llegara,
sin saber que he vivido precisamente ese mundo y no me he dado cuenta.
A partir de hoy seguiré sufriendo
mi mundo cruel, pues eso me hace dichosa de estar viva, e intentaré ignorar los demonios
del qué, el cuándo, el dónde, el porqué y el con quién, para que la propia vida
me vaya desvelando a su tiempo tales misterios.
jueves, 21 de febrero de 2013
Ensoñaciones imposibles
Hoy me ha dado por pensar: si
nosotros que somos tan reivindicativos, que nos gusta tanto protestar por las
injusticias, los abusos legales, las infamias políticas que comemos a diario. Nosotros
que disfrutamos riéndonos con los
chistes juiciosos y macabros que unos cuantos cerebros prodigiosos publican y
difunden por internet, ¿qué pasaría si nuestros cuerpos abatidos ante tanta
indignación se levantaran un día y todo funcionara bien? Si consiguiéramos un
trabajo justo, si las noticias fueran positivas, si no hubiera abusos, si la
educación española fuera un éxito europeo, si las prestaciones sociales
cubrieran al cien por cien las necesidades de los ciudadanos, si el precio de
la vivienda fuera el de hace diez años y el respeto al profesor el de hace
veinte. ¿Qué pasaría si, de repente, hubiera justicia igualitaria para todos, y
el debate de la nación fuera un no parar de propuestas de todos los partidos
políticos, trabajando al unísono para hacer de este país un lugar digno donde
vivir? Si la agricultura y la ganadería recuperaran el valor que moralmente se
merece e injustamente ha ido perdiendo, en detrimento de otras actividades
menos lícitas. Si se financiaran las investigaciones científicas, médicas,
tecnológicas y medioambientales con becas públicas y nuestros “cerebritos” no
tuvieran que emigrar para realizar sus innovadores proyectos. Qué pasaría si
los periódicos no hablasen de corrupción más que en la sección de
internacional, y el precio de productos básicos, como la electricidad, el gas o
el petróleo estuvieran controlados por un gobierno justo que mirara por los
intereses del ciudadano ante cualquier otro interés particular. ¿Qué sería de
nosotros si la lectura fuera la principal fuente de ocio y las bibliotecas
estuvieran llenas de jóvenes ansiosos por aprender? ¿Qué haríamos si un día
despertáramos en la España que todos deseamos?
lunes, 18 de febrero de 2013
Suspirando siempre por tí.
Paso las horas suspirando por ti, aunque aún no te conozco.
No veo el momento de tenerte conmigo. Y ahora que ese momento se acerca no
puedo evitar tener dudas. ¿Seré buena para tí?, ¿serás tú bueno para mí? Te he
imaginado de tantas maneras diferentes… te he imaginado duro, fuerte, casi
insoportable y no me importa. Te he visto interesante, atractivo, justo y
solidario, lo que siempre he querido. Te he deseado apasionado. Seas como seas,
te querré, porque te espero ansiosa desde hace ya tanto tiempo…y aunque me des
problemas, aunque con toda certeza me quejaré de ti en más de una ocasión,
aunque me robarás el tiempo, la fuerza y la salud, aunque te llegue a maldecir
cuando me tengas harta porque sin duda me cambiarás la vida por completo,
poniéndola patas arriba, te necesito más de lo que te imaginas. Sin ti ya no
podía seguir viviendo ni un momento más, mi queridísimo futuro empleo.
viernes, 15 de febrero de 2013
La pasión
Un filólogo puede analizar una oración subordinada adjetiva
explicativa, pero la cosa se complica cuando ha de dar cuenta de su propio
sentir, y es que, cuando la pasión te hace ignorar la razón, hasta el lenguaje
se descontrola. Últimamente la pasión baraja nuestra vida en vista de no tener
nada material a lo que aferrar el futuro. Pero la pasión, tan grata en
ocasiones, es peligrosa cuando se desborda. Por pasión se ama y por pasión se
mata. ¿Acaso los asesinos no son más que seres altamente pasionales? Entonces,
¿dónde está el límite? ¿En qué medida podemos decir que la pasión se nos ha ido
de las manos? ¿Cómo podremos controlar esa fuerza que emerge de algún lugar de
psico individual antes de convertirse en altamente peligrosa? Imaginaros que
hubiera unas pastillas para controlar los ataques de pasión, ¿Cuál sería el
momento exacto en el que deberíamos tomarlas? Porque de existir, creo que estoy
empezando a necesitar esas pastillas.
En nuestro estado de absoluto nada, sólo podemos asirnos a
los propios sentimientos para dejar obsoletas, vacías o incompletas palabras como
“indignación”. ¿Qué es la indignación? ¿Acaso esa simple palabra, que no hace
tantos años tuvo un significado completo, es capaz ahora, por sí sola, de
expresar la complejidad de sentimientos (furia, odio, opresión, vergüenza,
lástima, asco, repulsión, violencia, ignorancia, ira, pánico, indefensión,
impotencia…) que experimentamos en estos momentos? No, el lenguaje es, sin
lugar a dudas, insuficiente, llegados a este punto de exacerbación de
sentimientos.
Quizás el humor sea una alternativa para sobrevivir a tanta
injusticia, pero yo estoy cansada de reír. Desde que el pueblo pasa hambre la
injusticia dejó de tener gracia. Quizás haya llegado la hora de luchar a
muerte. Es hora de poner en juego la vida para tener opción a alcanzar la
bolsa. Mi pasión me provoca deseos de muerte. Hora de la pastilla.
miércoles, 13 de febrero de 2013
¿Es mi ordenador o soy yo?
Hace tiempo que no puedo escribir
nada. Creo que mi ordenador debía estar programado por el calendario maya,
porque más o menos desde aquel último “fin del mundo” se ha vuelto contra mí.
He buscado en google la palabra “Fortuna” y le he dado al botón “voy a tener
suerte” y el muy atrevido me ha contestado: Su sistema no contempla dicha
aplicación, ¿quiere descargarla ahora? Yo, por supuesto, optimista como
siempre, le he dado al Si y se me ha bloqueado la fuente, así que he desestimado
el ofrecimiento y, para pasar el rato, he estado revisando aquellas fotos
depositadas en la carpeta “Deliciosas locuras”, dentro del archivo
“Confidencial”, para recordar las atrocidades que cometíamos cuando éramos
libres. Los hechos desagradables se enviaron de inmediato a la papelera de
reciclaje y le di a “vaciar” para no dar cuenta de ellos. En ese momento
descubrí que no es que mi ordenador se haya vuelto contra mí, más bien se ha
desactualizado. Se hace viejo, irremediablemente, y no cuenta más que
batallitas ganadas. No he actualizado los programas, ni le compré ningún
complemento por Navidades, de hecho hace mucho que no le regalo nada más que lo
meramente imprescindible para existir. Quizás no sea todo culpa suya,
simplemente se ha acomodado a hacer siempre lo mismo por pura vaguedad:
escribe, lee, navega un rato, siempre por las mismas páginas, guarda archivos
obsoletos como oro en paño y poco más. Se ha vuelto un sentimental que si
tuviera lágrimas lloraría por todo lo que está obligado a desvelar. Aún así,
mantiene la dignidad, es pulcro y ordenado, no como otros que amparados bajo un
falso “Síndrome de Diógenes” no guardan más que basura inutilizable. Podemos
decir que, aunque viejo y desactualizado, sigue teniendo el encanto embriagador
de quien se sabe intelectualmente necesario y aún a las puertas de perder la
Ip, el Pentium le sigue funcionando como el primer día. No todos pueden
presumir de eso después de haber sufrido virus tras virus, tan nocivos para su
salud tecnológica…
Mira a su alrededor y ve que todo
ha cambiado, sus amigos son diferentes, más modernos y con múltiples
aplicaciones (la mayoría de ellas sólo sirven para demostrarse a sí mismos que
son mejores), con sus nuevas melodías y su inmediata rapidez para todo… y que no
hacen más que requerir atenciones constante, provocando la más absoluta
esclavitud para sus dueños. Un momento, ¿de qué estaba hablando? Ahh, sí, mi
ordenador…
martes, 5 de febrero de 2013
El maravilloso orden del caos
Ayer estuve ordenando mi ropero. No
sé por qué pero siempre que ordeno el ropero tengo la sensación de que, de
alguna manera, estoy ordenando mi vida. Desecho todo aquello que a pesar de
haberle dado mil oportunidades no he conseguido nunca darle uso, por ejemplo,
aquellas prendas pretenciosas que compré para una ocasión especial y que ahí siguen
con la etiqueta colgando, esperando ese gran acontecimiento que nunca llega. ..
O aquellas otras que un día fueron mi único ser, mi yo más profundo, mi
identidad y mi personalidad, pero hoy ya, inevitablemente, y muy a pesar del
dolor que me causa, tengo que abandonar en la caja de “ropa pequeña”, porque
nunca, nunca, nunca (por mucho que me intente convencer de que tengo que
adelgazar) me volverán a estar bien. Y también aquellas otras prendas que no he
usado porque, aunque en la tienda
parecían fantásticas y geniales, una vez en casa no me gustan y que simplemente
me compre porque estaban muy rebajadas. Es lo comúnmente conocido como “decepciones
gangas”. De esta manera, consigo mantener a salvo sólo aquello a lo que sé que
le daré uso grato, bien clasificado y doblado. Y a partir de ahí comienza un
nuevo despertar: El orden gobierna mi vida.
Quizás esa sea la causa por la
que soy una maniática del orden. Quizás sólo necesite que al menos algo, en el
caos que se ha ido convirtiendo mi vida (con sus días absurdos, sus semanas discordantes
y sus meses fugitivos) esté en su sitio. Absolutamente todo debe ocupar un
lugar fijo y aunque a simple vista mi habitación parezca un mercadillo
medieval, en todo ese caos existe un orden lógico que sólo yo conozco. “El maravilloso
orden del caos”, ¿qué bonito, no?
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