Solemos quejarnos siempre, por todo y por todos. Por mí, por mis compañeros y por mi primero. Damos por hecho que nuestra vida es una novela dramática, de la que nosotros somos protagonistas indiscutibles. Que no tenemos más que problemas y somos desdichados. La verdad es que no somos más que daños colaterales de una crisis que tarde o temprano pasará.
Después de haber escrito dos novelas: Terapia para una treintañera desesperada y Nadie y nada, una obra de teatro, La vida por delante, un libro de poemas, No hay palabras, y varios relatos, en apenas seis meses, viviendo con exátación la aparición imprevista de la inspiración, he tenido un mes de huelga de musas, en el que pensaba que ya lo había contado todo. Me faltaban las ideas, no así las ganas de escribir, y, de repente, sin esperarlo, como caída del cielo, llega a mis manos una historia increible que necesita ser narrada.
Vuelvo a sonreir, a no dormir por las noches, a que los pensamientos me arrebaten el sueño, sacándome de la cama para apuntar cualquier escombro de pasión, convertible en palabras que se hacen frases, en frases que se hacen ideas, ideas que son historias... Vuelvo a ser exclava absoluta de una historia que posee hasta mis sueños más profundos.
De pronto te invitaan a pasar unos días en una ciudad costera que desconoces, y sólo tienes que decidir cuando.
Una historia, un viaje, una ciudad desconocida, una aventura... Y yo pensando que no habría ya sorpresas para mí.
No sé si un día conseguiré vivir de lo que escribo, lo cierto es que desde que empecé y hasta que me muera, viviré para escribir. Esta es mi vida y empieza ahora.
Terapia es la historia de una mujer cualquiera que sobrevive a estos años inciertos de crisis económica, intelectual y personal. Una historia narrada en primera persona, que analiza los principales problemas de la juventud actual, con un toque de ironía y humor, y alguna dosis de sentimentalismo.
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martes, 5 de julio de 2011
lunes, 4 de julio de 2011
Cuéntame un cuento
Desde mi madurez, no inaugurada por falta de medios, he querido hacer un repaso por los cuentos infantiles que nos han educado y enseñando los valores que la juventud de mis tiempos hemos adquirido, y francamente, me he decepcionado:
Cenicienta es el primer caso de braguetazo conocido en la tradición oral. Caperucita Roja es un claro ejemplo de maltrato infantil y abandono a la tercera edad, Blancanieves es el primer testimonio escrito de necrofilia. Bueno, los Siete Enanitos, qué queréis que os diga… “esta cama está caliente, alguien ha dormido en mi cama”, yo no sé de qué época será este cuento, pero las orgías existen desde muy antiguo. O Pinocho, el mentirolas, o Los Tres Cerditos, una anticipación del problema de la vivienda actual y también, un claro ejemplo de poco compañerismo, pues ya podría el tercer cerdito haber invitado a los otros dos a su casa desde el principio, y nos evitamos disgustos.
De todos ellos, yo creo que el que más nos ha influido en la vida es Peter Pan, pues todos somos pequeños Peterpanes, abnegados adultos aferrados a la poca juventud que nos queda.
Pero ya, analizando los valores incurcados en la infancia, he recordado también los dibujos animados que solíamos ver: Esa Heidy y ese abuelo, olvidados en la cima de una montaña perdida de los Alpes, o ese Marco, abandonado por su madre, sin olvidar a Candy Candy, que nada más empezar la serie, muere su novio de una caída a caballo. Todo el santo día llorando, si no por uno, por otro. Creo que si no hemos muerto de una depresión siendo niños, ya no nos mata nada. Pareciera como que todas estas nociones infantiles no han hecho más que prepararnos para el sufrimiento, la incomprensión que íbamos a padecer de mayores. Sinceramente, si hubiéramos tenido la opción de elegir, yo hubiera elegido Doraimon, el gato azul que saca de todos los problemas a Novita. Al menos este te enseña que en la vida te tienes que arrimar al árbol que más sombra dé o tener un buen abogado (que representa la figura del gato cósmico). La vuelta al mundo en ochenta días, los Trotamúsicos, los Fruitis, Los Fraguels Rock, el Gato Isidoro… no han hecho de nosotros más que una panda de holgazanes, viva la fiesta, perroflautas, idealistas y sentimentaloides seres humanos.
¿Y ahora seguís pensando que nos han educado mejor que a los chicos de ahora? Ya lo veremos en el futuro…
domingo, 3 de julio de 2011
Yo quiero ser un tío!!!
Ayer le dije a mi medio limón: “¿Quién te quiere a ti más que a nada en el mundo, eh, quién, quién, quién?” Y me respondió: “Yo. Yo me quiero a mí más que a nada en este mundo.” Así, sin complejos, ni remordimientos, ni titubeos. Y se quedó tan pancho.
A veces me encantaría ser un tío, tener esa capacidad de síntesis analítica carente de sentimentalismos. Pura matemática. Pero, desgraciadamente, yo soy de letras. ¡Maldito seas, Gustavo Adolfo Bécquer!
Para él, 1+1 son dos, tú y yo. Para mí, 1+1 es infinito, tú, yo, tu madre, mi madre, mi hermana, tu hermano, el perro, la vecina, el jefe… y es que no puedo analizar la vida de una forma esquemática simple. ¿Será cierto eso de que las mujeres somos complicadas? Yo siempre he pensado que soy muy simple. Manera de vivir simple, gustos simples, aspiraciones simples... Soy, lo que se puede decir una simplona complicada. Sé muy bien qué es lo quiero ahora, pero cuando lo tenga, ¿seguirá siendo lo que quiero? No sé, necesito un trabajo para no darle tantas vueltas a la cabeza.
En cuanto a lo de mi medio limón, se la tengo guardada, porque eso sí, rencorosas y vengativas somos un rato… Voy a esperar a que venga a decirme: “¿Quién te va a hacer eso que tanto te gusta que te hagan, ehh, quién, quién…?”, para contestarle: “Yo. Yo me voy a hacer eso que tanto me gusta que me hagan…”. Claro que esto no va a ser posible, ya que él nunca haría una pregunta tan absurda, ya que, seguro, que ya da por hecho que la respuesta es él. ¡Maldita seguridad masculina!
sábado, 2 de julio de 2011
A Ferrán Adria, que tanto nos ha aportado…
Me gusta innovar en la cocina. Cerrar la puerta y volverme loca con mis creaciones. Y he de decir que no se me da nada mal… Ayer, sin ir más lejos, estaba aburrida y me dije “voy a inventarme algo”, y preparé una descomposición de aborto aviar a la brasa del oro del olivo (o sea, que me freí un huevo y se rompió la yema), acompañado con tubérculos indígenas transoceánicos al estilo desempleado (es decir, unas patatas a lo pobre), y para rematar configuré una crema fría de organismos vegetales variados, supra- hidratados y espolvoreado con jugo de vino amargo y gotas de sal, en una balsa de fluido graso (lo que viene siendo un gazpachito).
Sí, la verdad es que me gusta la cocina moderna. Hay que ponerse al día y no caer en el oscuro vacío insalubre de la tradicionalidad.
¡Qué invento lo de la cocina mediterránea moderna! Claro, esto es algo totalmente nuevo, de lo que mi madre no tenía ni puta idea. Qué va a saber ella… si lleva toda la vida deconstruyendo tortillas sin saberlo.
Pero en fin, que está muy bien este concepto de modernidad. Estoy pensando en montar mi propio restaurante de cocina mediterránea moderna. Ya tengo el nombre, lo llamaré ¡LA MADRE QUE ME PARIÓ! En el que por un módico precio de unos cuantos cientos de euros, tendrá el placer y sobre todo la exclusividad de degustar el plato estrella de la casa: la fiesta de dinero (conocido vulgarmente como ensalada de pasta), o también los exquisitos granos asiáticos con frutas del mar (o paella) o el escándalo carnal de la garbanzada (popularmente conocido como cocido) o incluso la orgía carno- espiritual al aroma de comino (el guiso de papas con carne de toda la vida)…
Quizás llegue más lejos, como el triunfo lo tengo garantizado, pues si algo sobra en este mundo son tontos ricos que no saben dónde malgastar el dinero, luego pondría un pub de copas, donde en vez de calimocho se pida un jugo de la vid, casado con bebida gaseada al aroma de cola, con dos icebergs y unas gotas de néctar del fruto de los alimentos de los gusanos de seda en copa de balón a 30€.
Si es que, si no triunfamos es por falta de iniciativa… no será por falta de ideas…
viernes, 1 de julio de 2011
Escojo ser pringada
¿Se podrá triunfar en la vida siendo buena persona?
¡Ay!, el sentimentalismo, ese gran defecto femenino, que compartimos con algunos hombres y que nos hace a la vez tan adorables…
No sé si se puede ser sentimental y competitivo al mismo tiempo. Puede ser que aún no se haya descubierto una unión ecuánime entre ambas cualidades. Si me pongo a pensarlo fríamente, llego a la conclusión de que no. Para llegar alto hay que ser un gran Hijo de puta. ¡Pero ojo!, que lo digo desde la apreciación más positiva que la expresión pueda tener, es decir, ser una gran Hijo de puta sin sentimientos tampoco es fácil. Pensémoslo por un rato. Yo podría llegar a ser una gran Hija de puta si me esforzase, pero ¿merecería la pena?, ¿podría yo vivir con el conocimiento firme de que no hay Dios quien me aguante, que todos quieran mi cabeza en una bandeja, que nadie puede decir una palabra amable de mí? No lo creo, necesito tanto el calor humano, la aprobación, el estímulo, como todos vosotros. El que está arriba no tiene quien le dé una palmadita en la espalda, un empujoncito cuando más lo necesita. Por lo tanto, y sobre todo porque ahí arriba y no tiene a nadie, sólo le queda, como estímulo, el putear al de abajo.
Nos preguntamos por qué tenemos que sobrevivir a tanta injusticia, y la respuesta está ahí. Estamos constantemente manipulados por grandes Hijos de puta, que nos mueven al antojo de sus carteras. Las Administraciones públicas: Hijas de putas, los políticos: Hijos de putas, los jefes: Hijos de putas… y nosotros, mientras tanto, como almas desangeladas, buscando la felicidad en recortes de momentos.
No, sinceramente yo no podría ser una autentica líder Hija de puta, aunque me lo propusiese a conciencia. No sobreviviría sola en la cima. Además me dan miedo las alturas, y tampoco puedo soportar la soledad. Me recompensa quedarme aquí abajo, siendo una pringada sin límite, con la compañía de mis amigos, pringados sin límite también, acometiendo, siempre juntos, las envestidas del que está arriba sólo. ¡Pobre triunfador!
jueves, 30 de junio de 2011
Las oportunidades se esconden, hay que salir en su busca
Hay veces que ponerte el mundo por bandera no es tan sencillo. No puedes, porque mientras tú insistes en empujar hacia una dirección, el viento te da a bocanadas desde todos los lugares, hasta hacerte perder el rumbo. No es fácil pintar la mejor de las sonrisas en tu rostro y salir a comerte el universo entero, cuando a penas puedes sujetar el lápiz. Soreir es mucho más complicado de lo que creemos. No bastan la buenas palabras, las mejores intenciones ni el sobresaliente en comportamiento. Llega un momento en el que sientes que ya ningún esfuerzo vale la pena. Y no es que yo sea lo peor del mundo, pero ciertamente hay por ahí, en silencio, como si no existieran, seres superiores, que están muy por encima de mí, y en igualdad de condiciones...
Como no quiero pensar, pues me da vértigo, fatiga, náuseas y dolor spicológico de cabeza, me voy a ver la tele un rato y me refresco de mis ideas calientes. Enciendo, y de repente, ahi está la respuesta a mis dudas, dando voces con faltas de ortografías hasta en la mirada. Belén Estéban. Y mis ideas calientes se remueven en el cerebro esfervescente y pienso: "¿Pero en qué mundo vivimos?", y sobre todo "¿Por qué lo consentimos?" Me niego. Me niego taxativamente a que se idolatre a este tipo de especímenes. Admito, por su puesto, que haya personas con más valía que yo, más inteligentes, más ingeniosas, más atractivas, pero no puedo derrumbarme en el sofá de mi casa ante tal especie protegida. No es justo. Para mí, ni para el montón de personas válidas, personajes secundarios de la historia de mi vida, gente guapa, gente buena, gente lista de la vida real, que desesperan esperando una oportunidad de demostrar lo mucho que valen: Virginia, Flores, Mari, Antonio, Javi, Celia, Elena, Paco, Peski, Maio, Álvaro, Raquel, Eva, Grani, Julio... y un sinfín de puntos suspensivos (diga lo que diga Rebollo)
Ánimo a todos, un día nos reiremos de la mala suerte que tuvimos hoy.
Como no quiero pensar, pues me da vértigo, fatiga, náuseas y dolor spicológico de cabeza, me voy a ver la tele un rato y me refresco de mis ideas calientes. Enciendo, y de repente, ahi está la respuesta a mis dudas, dando voces con faltas de ortografías hasta en la mirada. Belén Estéban. Y mis ideas calientes se remueven en el cerebro esfervescente y pienso: "¿Pero en qué mundo vivimos?", y sobre todo "¿Por qué lo consentimos?" Me niego. Me niego taxativamente a que se idolatre a este tipo de especímenes. Admito, por su puesto, que haya personas con más valía que yo, más inteligentes, más ingeniosas, más atractivas, pero no puedo derrumbarme en el sofá de mi casa ante tal especie protegida. No es justo. Para mí, ni para el montón de personas válidas, personajes secundarios de la historia de mi vida, gente guapa, gente buena, gente lista de la vida real, que desesperan esperando una oportunidad de demostrar lo mucho que valen: Virginia, Flores, Mari, Antonio, Javi, Celia, Elena, Paco, Peski, Maio, Álvaro, Raquel, Eva, Grani, Julio... y un sinfín de puntos suspensivos (diga lo que diga Rebollo)
Ánimo a todos, un día nos reiremos de la mala suerte que tuvimos hoy.
miércoles, 29 de junio de 2011
De primero tomaré mierda, por favor.
¿Por qué las tías tendremos esta tendencia al autodesprecio?, ¿por qué no sabremos valorarnos?, ¿será quizás el deseo convertido en obsesión por ser perfectas en todo? No lo creo, sinceramente, porque si esto fuera así, arrasaríamos en el mundo laboral. Sin embargo hay una fuerza que desconocemos, que nos empuja a sentirnos inferiores. Física, mental y potencialmente inferiores a cualquier ser humano que simule ser competencia. Vas a comprarte ropa y no ves más que modelos, esculturas perfectas de carne y hueso y piensas: "¿Pero qué hago yo aquí, rodeada de diosas infernales, dignas de mi odio más profundo? ¿A quien voy a engañar, con esta barriguita prominente y estos michelines odiosos que no se esconden bajo ningún atuendo? Ya tengo una edad. Las minifaldas pasaron al baul de los recuerdos." Despues vas a una entrevista de trabajo y te encuentras con otros candidatos al puesto, igual de nerviosos, igual de inseguros, y siempre, inevitablemente, piensas: "Seguro que cogen a este, se le ve mucho más preparado que yo, la voy a cagar, me voy, me quedo, me voy..." Creo que durante toda mi vida he tragado tanta mierda que he llegado a pensar que la mierda es mi plato favorito. No lo es. Yo también quiero probar el caviar.
Tengo que buscar trabajo. Pero no cualquier trabajo, voy a buscar el que yo quiero, y sólo ese. Nunca más otro trabajo cualquiera, para el que valen millones de personas. Voy a buscar ese para el que sé que yo soy la mejor. Ya tengo mis curricula preparados. Ayer me compré una minifalda. (Tendré una edad, pero estoy tremendamente buena con mis kilitos de más.) Me pondré mi minifalda y saldré en busca de mi empleo. Seguro que lo conseguiré, porque no habrá ningún candidato que sea mejor que yo. Si no lo consigo eso que pierden las empresas. Seguiré igualmente escribiendo. Hay un montón de editoriales que están dejando de ganar dinero por desestimar mi libro. No es mi problema, a mi me encanta escribir y además es gratis.
¿Mierda?, No gracias, hoy probaré el caviar...
Tengo que buscar trabajo. Pero no cualquier trabajo, voy a buscar el que yo quiero, y sólo ese. Nunca más otro trabajo cualquiera, para el que valen millones de personas. Voy a buscar ese para el que sé que yo soy la mejor. Ya tengo mis curricula preparados. Ayer me compré una minifalda. (Tendré una edad, pero estoy tremendamente buena con mis kilitos de más.) Me pondré mi minifalda y saldré en busca de mi empleo. Seguro que lo conseguiré, porque no habrá ningún candidato que sea mejor que yo. Si no lo consigo eso que pierden las empresas. Seguiré igualmente escribiendo. Hay un montón de editoriales que están dejando de ganar dinero por desestimar mi libro. No es mi problema, a mi me encanta escribir y además es gratis.
¿Mierda?, No gracias, hoy probaré el caviar...
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